10 cuentistas latinoamericanos del siglo XX

Latinoamérica tiene una vasta y distinguida tradición cuentista que se refleja en una larga lista de grandes escritores y textos entrañables. Por eso aprovechamos esta ocasión para recomendarles algunos de nuestros cuentistas latinoamericanos favoritos que fueron contemporáneos a Salarrué, y así ir calentando motores para cuando llegue Cuentos de barro a sus estanterías.

1. Felisberto Hernández (Uruguay, 1902-1964)

Carlos Onetti lo describió como uno de los escritores más importantes de su país. aunque su obra no es extensa, cuenta con gran calidad literaria y reconocimiento por parte de otros grandes escritores como Julio Cortázar. En sus relatos es común encontrar hilos de su biografía y de sus vivencias como pianista.

2. Elena Garro (México, 1916-1998)

Además de cuentista fue dramaturga, novelista e incluso coreógrafa y actriz. Su trabajo literario es reconocido por reflejar la cosmovisión de los pueblos campesinos e indígenas de México. Su estilo juega con lo fantástico e incluso se le suele reconocer como una de las fundadoras del realismo mágico, género que ella consideraba una etiqueta de mercado.

3. Julio Ramón Ribeyro (Perú, 1929-1994)

Escritor peruano reconocido principalmente por ser un excelente cuentista, aunque también incursionó en otros géneros como ensayo, teatro y novela. Su obra llega casi a los 100 cuentos publicados, su compilación más completa se encuentra reunida en la última edición de su libro La palabra del mundo de la editorial Seix Barral. Sin duda, su cuento más famoso es Los gallinazos sin plumas.

4. Salvador Reyes (Chile, 1899-1970)

Hablar de los cuentos de Salvador Reyes es hablar del mar, de los puertos de Valparaíso, de capitanes y marineros. Considerado el máximo exponente de la literatura marítima de Chile, este cuentista y poeta tiene alrededor de 30 obras publicadas.

5. Juan Bosch (República Dominicana, 1909-2001)

Este gran cuentista también fue un destacado político, que incluso llegó a ser presidente de la República Dominicana por un breve tiempo. Su legado literario ha servido de inspiración para otros escritores como Gabriel García Márquez, amigo suyo. Sus textos destacan por retratar la realidad sociocultural de los campesinos dominicanos.

6. Clarice Lispector (Brasil, 1920-1977)

El estilo de Clarice Lispector es difícil de catalogar, pues es tremendamente libre, lírico y atrevido. En numerosas ocasiones la autora dejo claro que no escribía para agradar a nadie y que no le importaba que sus obras se entendieran, lo que le permitió crear ese estilo tan autentico. De ascendencia ucraniana, creció en Brasil y es considerada una de las figuras más importantes de la literatura brasileña.

7. Yolanda Oreamuno (Costa Rica, 1916-1956)

Marcada por una vida convulsa, Yolanda Oremuro encontró refugió en las letras y así fue como llegó a convertirse en una de las escritoras más importantes de su país. Murió a los 40 años y casi toda su obra se publicó póstumamente, por lo que se cree que la mayoría de sus trabajos están perdidos o inéditos. La lagartija de la panza dorada fue su primer cuento en ser publicado.

8. Silvina Ocampo (Argentina, 1903-1993)

Una escritora que empezó a ser realmente valorada por la crítica hasta después de su muerte. Hermana menor de Victoria Ocampo y esposa de Bioy Casares, fue una mujer que prefirió mantener un perfil bajo y a la que no le gustaba hablar públicamente sobre literatura. Su libro La furia contiene 34 cuentos y es conocido por ser su obra más destacada según la crítica.

9. Elisa Mújica (Colombia, 1918-2003)

Aunque es oriunda de Bucaramanga, vivió la mayor parte de su vida en Bogotá, escenario recurrente en sus obras. Hoy en día es considerada una de las figuras femeninas más importantes de las letras colombianas del siglo XX. Entre sus obras como cuentista destacan también su narrativa infantil y su reescritura de cuentos populares.

10. Pablo Palacio (Ecuador, 1906-1947)

Mientras sus compatriotas literatos se inclinaban por el realismo social, Pablo Palacio escribía sobre lo anormal y lo absurdo con un estilo humorístico, ácido. Ridiculizaba a sus personajes y reinventaba la realidad. Esto lo convirtió en un personaje muy discutido en su época entre los que admiraban y los que lo criticaban. Paso sus últimos años de vida en un manicomio.

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